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miércoles, 9 de enero de 2013

LA EDAD


La edad únicamente tiene compromiso con el tiempo.
Su galopar es arrítmico, quejumbroso y séptico.
Inadecuado siempre.
La edad carece de simbología, es amorfa, licuada e intempestiva.
No se sonroja nunca y carece de sentimiento alguno.
Su control no se decide, se sospecha únicamente.
Se reconoce a desmano, cuando ya de nada sirven los remedios.
En edad estamos y sentimos en edad.
Merecemos o desmerecemos únicamente en usufructo.
Es edad, aquella en la que perdemos siempre y vanidosamente creemos ganar en experiencia, cuando es ella quien nos gana siempre por la mano.
Un suicidio permanente el contemplarla, siempre de lejos, siempre baldíos, siempre tarde.
50 bien se merecen un brindis de aguanieve y sol con vosotros.
Vale.

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