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jueves, 22 de noviembre de 2012

¿A QUE SABE TU PIEL?


No son capaces
mis sentidos.
No aciertan.
No logran descifrar ese códice
de sabores.
¿A que sabe?
imaginan mis yemas
en un pícaro juego,
la textura de tus rincones
más secretos.
Lo recorren de arriba hacia abajo,
en un eléctrico tren.
Entre masaje y curación sanante.
Ora apretando, ora relajando,
ora relajando, ora apretando.
Suben y bajan tu espalda
como quien mece una cuna.
Y ese centro inaudito...
Columna vertebran de mis locuras.
¿Pero?
¿A que sabe?
¿A que sabe esa piel?
¿A que sabe ese cuero?
lo sueño cada noche un sabor distinto;
a fruta, a sal, a nieve, a caldo,
a caramelo de cereza...
Pero, o mi gusto se ha vuelto insensato,
o mis sentidos me abandonaron
vilmente.
Me vuelven a despistar, por momentos,
mis dedos - como termitas -
mientras acarician tu cabello,
como quien peina a una niña
de pocos años.
Y se deslizan, como sin querer por tu cuello.
Como quien quiere estrangular
todos los miedos del mundo.
Pero millones de poros diminutos
me atraen a tu esencia,
sin que yo logre distinguir,
-ni por asomo-
el sabor de esa lluvia,
de esas lindes,
de esos valles y hondonadas,
por las que se me pierde
tu inocencia salvaje.
Mujer,
en el paritorio de los silencios,
me descubro inocentemente
tuyo.
Mujer,
entre mis sábanas,
te sueño, también.
Allí de donde los versos
nunca salen.
Allí donde son mas hermosos.
Donde habita la esperanza
y el desasosiego a cada instante.
Allí donde nuestro amor es mas intenso,
y más libre, y mas sincero y mas hermoso.
Allí donde la imaginación todo lo abarca,
todo lo publica, todo lo absorbe y lo retiene.
Allí, al fin y al cabo,
donde el paladar, en este caso,
no tiene cabida.
¿A que sabrá tu cuerpo, mujer?
¿Dios, a que sabrá?

-pablovalladolid-24/2/02

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